España desafía el modelo de defensa de Washington: Sánchez apuesta por drones e inteligencia artificial
El Pentágono expresó ayer su “decepción” por el insuficiente gasto militar de España, pero la respuesta del presidente Pedro Sánchez desde Barcelona no fue la esperada sumisión. En un discurso que ya está generando ondas de choque en Washington y Bruselas, Sánchez sugirió que el futuro de la guerra ya no se mide en toneladas de acero ni en presupuestos tradicionales.
“La experiencia de Ucrania nos ha enseñado que el campo de batalla del siglo XXI se decide en los cielos con drones, en los algoritmos y en la capacidad de ciberdefensa”, afirmó Sánchez ante un auditorio de empresarios tecnológicos y expertos en defensa reunidos en la capital catalana.
El mensaje, aunque envuelto en lenguaje diplomático, representa un claro desafío a una de las narrativas centrales de la OTAN y Estados Unidos: la exigencia de que los aliados europeos alcancen el 2% del PIB en gasto militar convencional.

Fuentes del gobierno español consultadas por este periódico indican que Sánchez está preparando un giro estratégico de gran calado. En lugar de limitarse a comprar más tanques, fragatas o aviones de combate estadounidenses, España exploraría un modelo propio centrado en tecnologías emergentes.
El timing no podría ser más delicado. Con la guerra en Ucrania estancada, tensiones crecientes en el Indo-Pacífico y un posible regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, las fisuras dentro de la Alianza Atlántica se hacen más visibles.
“España no está cuestionando su compromiso con la OTAN, pero sí está cuestionando cómo debe modernizarse su Ejército en 2026”, explica Carlos Ruiz Miguel, catedrático de Derecho Internacional en la Universidad de Santiago de Compostela.
El presupuesto de defensa español se sitúa actualmente en torno al 1,28% del PIB, muy por debajo del objetivo del 2% acordado por los aliados. Sin embargo, fuentes del Ministerio de Defensa revelan que existe un plan interno para redirigir parte de los recursos hacia capacidades asimétricas.
Drones de fabricación nacional, sistemas de inteligencia artificial para análisis de amenazas, ciberdefensa reforzada y unidades especializadas en guerra electrónica forman el núcleo de esta nueva visión.
La experiencia ucraniana ha sido determinante. Kiev ha demostrado que un ejército con menos recursos convencionales pero altamente innovador en drones kamikaze y sistemas de guerra electrónica puede infligir daños severos a un adversario mucho más poderoso.
“Lo que estamos viendo en Ucrania es una revolución militar comparable a la introducción del tanque en la Primera Guerra Mundial”, señala María Isabel Martínez, investigadora del Real Instituto Elcano especializada en tecnologías de defensa.
Sánchez, en su intervención en Barcelona, mencionó explícitamente el “aprendizaje automático” y los “enjambres de drones” como elementos centrales de la defensa del futuro. Palabras que contrastan notablemente con los discursos habituales en las cumbres de la OTAN.
Funcionarios estadounidenses consultados de forma anónima expresaron preocupación. “No se trata solo de dinero. Se trata de interoperabilidad. Si España se desvía hacia un camino propio, podría complicar la integración dentro de la Alianza”, afirmó un alto cargo del Departamento de Defensa.
Sin embargo, en círculos europeos más críticos con la dependencia de Washington, el movimiento español es visto con simpatía. Alemania y Francia han mostrado interés en iniciativas similares de autonomía estratégica europea.
España no parte de cero. La empresa Navantia ha desarrollado capacidades navales avanzadas, mientras que empresas emergentes en Barcelona y Madrid están posicionándose en el sector de drones y ciberseguridad.
El gobierno ha incrementado discretamente la inversión en el centro de ciberdefensa en León y en proyectos de inteligencia artificial aplicada a la vigilancia marítima, especialmente relevante para el control del Estrecho de Gibraltar.
“España tiene una posición geoestratégica única. Controlar el flujo entre el Atlántico y el Mediterráneo requiere capacidades tecnológicas más que solo buques de guerra tradicionales”, argumenta un alto mando naval español que pidió no ser identificado.
El cambio propuesto no está exento de riesgos. Expertos advierten que descuidar las capacidades convencionales podría dejar a España vulnerable ante amenazas híbridas o ataques de alta intensidad.
Además, la industria de defensa española sigue muy ligada a contratos con empresas estadounidenses y europeas tradicionales. Un giro radical podría generar tensiones económicas y de empleo.
Pedro Sánchez, consciente de estas limitaciones, ha optado por un discurso de “complementariedad” más que de confrontación. “No se trata de elegir entre lo viejo y lo nuevo, sino de liderar la transición hacia lo nuevo”, dijo en Barcelona.
El presidente ha encargado un informe estratégico que será presentado antes de final de año. Fuentes cercanas al proceso indican que incluirá recomendaciones para alcanzar el 2% del PIB, pero con una distribución diferente: mayor peso a I+D+i y tecnologías disruptivas.
En Washington, el mensaje ha sido recibido con cautela. El Pentágono mantiene su línea oficial de exigir más gasto convencional, pero analistas del think tank Atlantic Council reconocen que el debate sobre la “revolución de los drones” está ganando terreno incluso dentro de Estados Unidos.
“La guerra en Ucrania ha destruido muchos dogmas militares. Ignorarlo sería un error estratégico”, escribió recientemente un coronel estadounidense retirado en una columna que circuló ampliamente en círculos de defensa.
España, tradicionalmente uno de los aliados más leales de Washington en Europa meridional, podría estar posicionándose como pionera de un nuevo modelo europeo. Un modelo que busca autonomía tecnológica sin romper formalmente con la OTAN.
Este movimiento también tiene un componente doméstico. Sánchez necesita mantener el apoyo de sus socios de coalición a la izquierda, tradicionalmente escépticos del gasto militar. Enfocar la defensa en tecnología e innovación resulta más digerible para ellos que comprar F-35 o tanques Leopard.
La oposición del Partido Popular ha criticado duramente el enfoque. “La defensa no se puede improvisar con drones baratos. La seguridad de España requiere compromiso serio y recursos reales”, declaró ayer el líder popular Alberto Núñez Feijóo.
Mientras tanto, en Cataluña, donde se celebró el discurso de Sánchez, el mensaje ha sido recibido con interés por sectores independentistas que ven en una mayor autonomía estratégica una posible vía para reivindicar competencias propias en materia de seguridad.
El gobierno central descarta cualquier cesión de soberanía, pero el simbolismo de anunciar este giro en Barcelona no ha pasado desapercibido.
El próximo paso será la cumbre de la OTAN en julio. Diplomáticos españoles anticipan que Sánchez defenderá allí una “modernización inteligente” del gasto militar europeo.
Si España consigue articular una posición coherente y atraer a otros socios medianos como Países Bajos, Dinamarca o Portugal, podría emerger un bloque dentro de la Alianza que priorice innovación sobre gasto bruto.
La verdadera prueba llegará con el presupuesto de 2027. Si el gobierno cumple con sus promesas de redirigir inversión hacia tecnologías emergentes sin descuidar completamente las capacidades clásicas, España podría convertirse en laboratorio de un nuevo paradigma de defensa europea.
Por ahora, el mensaje desde Barcelona es claro: el siglo XXI no se ganará con las estrategias del siglo XX. Washington ha sido advertido.