La campaña presidencial colombiana volvió a estallar a pocas horas de las elecciones y esta vez el golpe vino desde adentro. El expresidente Álvaro Uribe Vélez lanzó un mensaje que muchos interpretaron como el reconocimiento definitivo del fracaso de la candidatura de Paloma Valencia. Mientras tanto, Gustavo Petro aprovechó una multitudinaria concentración en Cartagena para responder con dureza a la extrema derecha y encender todavía más el debate nacional.

Todo comenzó cuando Uribe publicó un mensaje en sus redes sociales lamentando que “una gran candidata como Paloma Valencia” terminara atrapada en una guerra sucia de videos degradantes. La frase, lejos de fortalecerla, fue interpretada por miles de usuarios como una aceptación pública de que la campaña se encuentra en caída libre. En redes sociales los memes y las burlas no tardaron en multiplicarse, dejando al uribismo bajo fuego cruzado.
Las imágenes virales terminaron golpeando aún más a Paloma Valencia, quien durante años construyó un discurso de autoridad y firmeza dentro del Centro Democrático. Ahora, incluso antiguos simpatizantes cuestionan la estrategia política que llevó a la candidata a perder fuerza justo en el momento más decisivo de la campaña presidencial.
El ambiente se volvió todavía más tenso luego de las declaraciones del influenciador Briceño, quien prácticamente responsabilizó al equipo estratégico de Paloma por el desplome electoral. Según dijo, la candidata tenía la presidencia “en las manos” gracias al voto duro del uribismo, pero terminó alejándose de su propia base al intentar acercarse al centro político.
Las críticas se enfocaron especialmente en la decisión de sumar a Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial. Para varios sectores de derecha, ese movimiento rompió la conexión con los votantes más radicales que inicialmente respaldaban a Paloma Valencia. Las redes explotaron con comentarios asegurando que la campaña “perdió identidad” y quedó atrapada entre discursos contradictorios.

Como si fuera poco, otro momento incómodo terminó convirtiéndose en tendencia nacional. Durante un acto público, una niña cercana a Paloma Valencia respondió espontáneamente “yo no estoy firme”, justo cuando la candidata hablaba de mantenerse fuerte y preparada para ganar. El episodio se viralizó de inmediato y fue utilizado por sus adversarios para ridiculizar aún más la campaña.
Mientras la oposición se consume en peleas internas, Gustavo Petro apareció en Cartagena ante miles de seguidores para lanzar uno de los discursos más fuertes de los últimos meses. El presidente no se guardó nada y convirtió su intervención en un ataque frontal contra las élites tradicionales y los sectores que, según él, quieren devolver al país a tiempos de desigualdad y exclusión.
Petro habló durante varios minutos sobre la historia de Colombia, la libertad y la lucha de los pueblos indígenas y afrodescendientes. Utilizó referencias históricas y simbólicas para afirmar que el país se encuentra ante una decisión definitiva: avanzar hacia una transformación social o regresar a un modelo dominado por privilegios políticos y económicos.
Uno de los momentos más comentados llegó cuando el mandatario cuestionó abiertamente a ciertos sectores de poder que, según él, todavía sueñan con una Colombia “de esclavos y señores”. Sus palabras provocaron aplausos masivos en Cartagena y rápidamente comenzaron a circular en redes sociales, donde sus seguidores calificaron el discurso como “histórico”.
El presidente también defendió las reformas impulsadas por su gobierno y aseguró que sí ha sido posible avanzar en temas que durante décadas parecían imposibles. Entre ellos mencionó la entrega de tierras a campesinos, la ampliación de universidades públicas y el acceso gratuito a carreras como medicina para jóvenes de bajos recursos.
Según Petro, la verdadera disputa política no es solamente electoral, sino cultural y social. Para él, Colombia debe decidir si continúa por el camino de la reforma agraria, la educación pública y la inclusión, o si regresa al dominio de las viejas estructuras políticas que históricamente concentraron la riqueza y el poder.
Las declaraciones del mandatario llegaron justo en el peor momento para la oposición. La derecha no solo enfrenta divisiones internas entre Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, sino también una creciente guerra digital entre influenciadores, estrategas y sectores del uribismo que ahora se culpan mutuamente por la crisis electoral.

En redes sociales, miles de usuarios comenzaron a hablar de una “implosión” dentro de la extrema derecha colombiana. Los ataques cruzados entre dirigentes, las acusaciones internas y los errores estratégicos han dejado una sensación de caos total justo cuando el país se prepara para ir a las urnas.
Analistas políticos advierten que esta confrontación podría afectar seriamente la capacidad de la oposición para consolidar votos en una eventual segunda vuelta. Muchos votantes observan con preocupación cómo las principales figuras de la derecha se enfrentan entre sí mientras el petrismo aprovecha el escenario para fortalecer su narrativa de unidad popular.
A pocas horas de las elecciones, Colombia vive uno de los momentos políticos más tensos de los últimos años. Uribe intenta sostener a una candidatura debilitada, Paloma Valencia enfrenta críticas incluso dentro de su propio sector y Gustavo Petro utiliza cada aparición pública para presentarse como el líder que desafía al establecimiento tradicional. El país entero permanece expectante frente a unas elecciones que podrían redefinir completamente el futuro político nacional.