El Escándalo DMG Y Las Tierras Robadas: Lo Que Cepeda Reveló A Horas De Las Elecciones.
El Escándalo DMG Y Las Tierras Robadas: Lo Que Cepeda Reveló A Horas De Las Elecciones.

EL JUICIO FINAL DE LA EXTREMA DERECHA: ESTAFAS, TIERRAS ROBADAS Y LA HUMILLACIÓN QUE ROMPIÓ A PALOMA Y ABELARDO
Hay días que marcan un antes y un después en la historia de una nación. Días en los que el aire se corta con cuchillo, en los que las palabras dejan de ser simples promesas de campaña para convertirse en dagas afiladas que destrozan las máscaras de quienes llevan años saqueando al país. Faltan apenas unas horas para que millones de colombianos acudan a las urnas, y el pánico se ha apoderado de los despachos más lujosos de la élite conservadora. ¿La razón? El candidato y senador Iván Cepeda ha soltado una bomba de racimo en plena plaza pública de Girardot, destrozando mediática y moralmente a los dos alfiles principales de la extrema derecha: Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella.
No estamos hablando de un simple discurso político. Estamos ante la disección pública de los crímenes de cuello blanco más descarados de nuestra historia reciente. Prepárate para leer cómo una familia aristocrática intentó adueñarse de las tierras del Estado, cómo un abogado de los poderosos terminó acusado de ser un “estafador de estafadores” y cómo, al final del túnel, un verdugo anticorrupción afila su guillotina legal. Si creías que en la política colombiana ya lo habías visto todo, te aseguro que las verdades que estás a punto de descubrir te quitarán el sueño.
Capítulo 1: El Milagro de la Tierra y la Herida de los Poderosos
El discurso de Cepeda en Girardot no comenzó con ataques viscerales; comenzó con una bofetada de realidad a quienes decían que el progresismo iba a destruir a Colombia. Con una voz que retumbaba en cada rincón de la plaza, el candidato miró a los ojos de su pueblo y presentó el balance del presidente Gustavo Petro. Y aquí es donde la derecha empieza a sudar frío.
“Es el primer gobierno que puede decir: ha comenzado el camino de la reforma agraria”, sentenció Cepeda. No con discursos vacíos de escritorio, sino con una cifra que le duele en el alma a los terratenientes: Casi 750.000 hectáreas entregadas al campesinado y a la población rural más pobre del país.

Esta cifra es astronómica. Como bien apuntó Cepeda, si se sumaran todos los gobiernos de la era republicana (gobernados por las mismas 40 familias de siempre), no llegarían ni al 20% de lo que se ha entregado en este tiempo. Además, se atrevió a tocar la fibra más sensible de la economía: el salario y los impuestos. Hizo hincapié en que los grandes capitales, esos que evaden miles de millones mientras el ciudadano de a pie paga el IVA hasta por el pan que se come, finalmente están siendo obligados a tributar. “La evasión de impuestos hay que castigarla”, rugió la plaza en aprobación.
Pero el mensaje central era claro: todo este progreso está en peligro de muerte inminente. La extrema derecha está desesperada por recuperar el poder, no para gobernar, sino para desmantelar, robar y volver a instalar el reino de la impunidad.
Capítulo 2: El Despojo Aristocrático de Paloma Valencia
Fue entonces cuando Cepeda enfocó su artillería pesada en sus contrincantes directos. Y la primera en caer bajo el peso de sus propios secretos fue la senadora Paloma Valencia, la joya de la corona del Uribismo.
Para entender la humillación, debemos rasgar el velo de “patriotismo” con el que la familia Valencia se ha envuelto durante décadas. Cepeda la describió como perteneciente a una “rancia y tradicional familia terrateniente” que, a lo largo de la historia, ha despojado de sus tierras a los pueblos originarios, especialmente en el Cauca. Pero la estocada final no fue hablar del pasado, sino de un escándalo que la prensa hegemónica ha intentado enterrar desesperadamente.
Cepeda recordó a la nación cómo la familia de la senadora sigue detentando la propiedad de tierras baldías (tierras que le pertenecen a la nación, es decir, a todos los colombianos). Reveló cómo, hace apenas unas semanas, el Estado tuvo que obligar a un primo de Paloma Valencia a devolver una inmensa propiedad en el Vichada. ¡Eran 6.000 hectáreas que usufructuaban de manera ilegal!
Llegados a este punto de tensión e injusticia histórica, pregúntate: ¿Qué habrías hecho tú en esta situación? Si un gobierno descubre que tu familia ha estado lucrándose ilegalmente con miles de hectáreas que le pertenecen a los campesinos más pobres, ¿saldrías a pedir perdón al país, o tendrías el descaro de postularte a la presidencia para recuperar ese botín perdido?
El proyecto de país de Paloma Valencia quedó desnudo: militarizar los territorios para proteger sus haciendas, acabar con la reforma pensional que dignifica a los abuelos, destruir la educación pública para tener peones ignorantes, y volver a un “salario minimalista”. El teatro de la senadora se vino abajo en un instante.
Capítulo 3: Abelardo, el “Estafador de Estafadores”

Si el golpe a Paloma Valencia fue devastador, la humillación pública que recibió Abelardo de la Espriella fue una verdadera carnicería mediática. El abogado, famoso por sus trajes italianos de diseño, su estilo arrogante y sus serenatas en redes sociales, fue despojado de su aura de invencibilidad en menos de un minuto.
Cepeda no atacó el estilo de Abelardo, atacó su prontuario ético. Describió al candidato no como un estadista, sino como un “señor que se presenta como abogado, cuyos clientes son narcotraficantes”. Pero lo que verdaderamente hizo estallar a la multitud fue revelar cómo esos mismos clientes del inframundo criminal lo acusan de robarles.
Cepeda sacó a relucir el oscuro y vergonzoso fantasma de DMG. Recordó cómo David Murcia Guzmán, el arquitecto de una de las estafas piramidales más grandes de la historia de Colombia (quien fue cliente de Abelardo), lo acusó directamente de haberlo estafado a él.
“Un estafador de estafadores”, lo bautizó Cepeda. La frase resonó como un trueno. Imaginen el nivel de bajeza ética que se debe alcanzar para que un estafador condenado te acuse de haberlo robado. La imagen de De la Espriella como el salvador de mano dura quedó reducida a la de un mercenario del derecho que, supuestamente, no tiene lealtad ni siquiera con aquellos que le pagan con dinero manchado de sangre. “¿Ese puede ser el futuro de Colombia?”, cuestionó el senador, provocando un rotundo “¡NO!” de la plaza.
Capítulo 4: La Sangre Inocente y el Verdugo Anticorrupción
Pero Cepeda no podía hablar de la extrema derecha sin tocar la herida más abierta y sangrante de Colombia: el legado de Álvaro Uribe Vélez. Lo llamó sin tapujos “responsable de crímenes contra la humanidad”, recordando la masacre sistemática de miles de jóvenes inocentes bajo la macabra figura de los “falsos positivos”. El mensaje fue claro: votar por Paloma o por Abelardo es votar para asegurar que esos crímenes queden en la más absoluta impunidad.
Frente a este panorama de oscuridad, robo y muerte, Cepeda ofreció un pacto de pureza implacable. Y para demostrar que su gobierno no será blando, hizo un anuncio que hizo temblar a todas las mafias enquistadas en las instituciones.
Anunció la creación de la Dirección del Sistema Nacional Anticorrupción. Y el hombre elegido para liderarla no es un burócrata cualquiera, es el terror de la clase política corrupta latinoamericana: el magistrado Iván Velásquez Gómez.
Para quienes no conocen su trayectoria, Iván Velásquez es el hombre al que “jamás le ha temblado el pulso”. Fue el arquitecto que destapó la “Parapolítica” en Colombia, metiendo a la cárcel a decenas de congresistas, y luego fue a Guatemala a liderar la CICIG, donde tumbó y metió preso a un presidente en ejercicio.
“Los corruptos que viven de los recursos públicos no son solamente delincuentes, son traidores del pueblo colombiano y serán tratados de esa manera. Seremos implacables”, rugió Cepeda. La promesa de desmantelar los aparatos criminales no es una simple oferta de campaña; con Iván Velásquez al mando, es una garantía de persecución legal sin tregua.
Capítulo 5: El Poder Regresa al Pueblo
El discurso cerró con una promesa de descentralización del poder. Cepeda y su fórmula vicepresidencial (una mujer perteneciente a los pueblos originarios) prometieron estar en el Palacio de Nariño “solamente el tiempo necesario” y pasar el resto del tiempo en el territorio, gobernando de la mano de los movimientos sociales, no de los lobistas financieros.
La humillación que sufrieron las campañas de la extrema derecha horas antes de abrirse las urnas es total. Abelardo quedó retratado como un presunto estafador de narcos; Paloma, como la heredera de un imperio cimentado en el robo de tierras públicas; y el Uribismo, como un cascarón vacío que huye del fantasma de la justicia internacional.
La mesa está servida. La elección que tienen los colombianos este domingo no es entre izquierda y derecha; es entre devolverle el país a los estafadores y a las élites terratenientes, o continuar un camino de reformas donde el campesino tenga tierra y los corruptos tengan cárcel.
Habiendo descubierto el oscuro historial de tierras robadas de la élite y las acusaciones de estafa entre abogados y narcos, ¿crees que los votantes de extrema derecha abrirán por fin los ojos este domingo, o el fanatismo político seguirá cegando a una parte de Colombia?
El reloj avanza y la historia aguarda. El lunes, Colombia despertará en un nuevo país. Que el pánico de los corruptos sea el mejor termómetro de que, esta vez, el pueblo colombiano ha decidido no volver a retroceder. ¡Comparte este artículo con cada persona que conozcas, porque la ignorancia es el mejor aliado de los ladrones que quieren volver al poder!