La tensión dentro del uribismo explotó en las últimas horas luego de que comenzaran a circular fuertes denuncias contra Abelardo de la Espriella, señalado de gastar más de 20.000 millones de pesos en campañas digitales, publicidad masiva y presuntas granjas de bots para atacar a sus rivales políticos. Lo más impactante es que las acusaciones no vienen desde el petrismo, sino desde sectores de la misma derecha colombiana encabezados por Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo.

La polémica tomó fuerza cuando diferentes usuarios en redes sociales empezaron a denunciar que los contenidos de Abelardo de la Espriella aparecen de manera invasiva en plataformas como YouTube, Facebook, Instagram y X. Muchos creadores de contenido afirmaron que sus algoritmos fueron alterados y que sus publicaciones dejaron de tener alcance después de criticar al candidato de extrema derecha.
El escándalo escaló aún más luego de que comenzara a circular un supuesto contrato firmado con la empresa “Estrategia y Poder SAS”, en el que se hablaría de multimillonarios pagos relacionados con manejo digital, posicionamiento político y estrategias de manipulación algorítmica. Aunque el documento difundido en redes aparece parcialmente borroso, miles de usuarios aseguran que sería la prueba de una operación digital sin precedentes en Colombia.
Juan Daniel Oviedo fue uno de los primeros en lanzar públicamente la denuncia. A través de su cuenta de X, aseguró que las bodegas digitales de Abelardo estaban enviando cadenas masivas de WhatsApp cargadas de ataques, desinformación y mensajes de odio contra otros candidatos de oposición. El exdirector del DANE advirtió que estas prácticas representan un grave riesgo para la democracia colombiana en plena recta final electoral.

La situación se volvió todavía más delicada cuando Paloma Valencia también apareció cuestionando a Abelardo de la Espriella. En una entrevista que rápidamente se viralizó, la senadora afirmó que el candidato estaba utilizando métodos muy similares a los que históricamente ha criticado del petrismo. Incluso llegó a compararlo con sectores cercanos a Iván Cepeda, asegurando que representan “más de lo mismo”.
Las declaraciones de Paloma generaron un terremoto dentro del Centro Democrático. Muchos militantes uribistas comenzaron a preguntarse si Abelardo realmente representa una alternativa política o si terminó convirtiéndose en un fenómeno mediático impulsado únicamente por campañas digitales agresivas y publicidad pagada masivamente en redes sociales.
Mientras tanto, influenciadores políticos denunciaron una fuerte caída en el alcance de sus contenidos. Algunos aseguran que cada vez que publican videos críticos contra Abelardo, inmediatamente sus canales son afectados por ataques masivos, reportes automatizados o pérdida repentina de visualizaciones. El caso más comentado fue el de varios creadores que afirmaron haber sido “silenciados” digitalmente tras cuestionar la campaña del abogado barranquillero.
La controversia también salpicó directamente a Álvaro Uribe Vélez. Aunque el expresidente ha intentado mantener distancia pública del conflicto, sectores del uribismo consideran que el ambiente dentro de la derecha colombiana está completamente fracturado. Las peleas internas entre Paloma Valencia, Oviedo y Abelardo de la Espriella dejaron en evidencia una crisis política que podría afectar seriamente las elecciones presidenciales del 31 de mayo.
Otro elemento que encendió aún más el debate fue la denuncia sobre presuntas granjas de bots operando desde Brasil. Según las publicaciones que circulan en redes, estas cuentas tendrían la capacidad de generar millones de interacciones artificiales diariamente para posicionar contenidos políticos, manipular tendencias y alterar la conversación pública en internet.
Las acusaciones no terminaron ahí. Paloma Valencia también denunció ataques dirigidos contra su familia y aseguró que las llamadas “bodegas” de Abelardo habrían impulsado campañas de desprestigio incluso contra su hija. Sus declaraciones provocaron indignación entre dirigentes políticos que ahora exigen investigaciones sobre la financiación digital de las campañas presidenciales.
A medida que el escándalo crece, más ciudadanos empiezan a cuestionar cuánto dinero realmente se está moviendo detrás de las elecciones colombianas. Para muchos analistas, el verdadero campo de batalla ya no está en las plazas públicas ni en los debates televisivos, sino en los algoritmos de las redes sociales, donde millones de personas reciben información manipulada todos los días.
En medio de este panorama, Gustavo Bolívar e integrantes del progresismo también respondieron a las acusaciones provenientes de la derecha. Señalaron que mientras algunos candidatos gastan fortunas en publicidad digital y ataques masivos, las campañas alternativas continúan realizando eventos cerrados y actividades territoriales con recursos limitados.
La discusión sobre los bots y la manipulación digital abrió un debate mucho más profundo sobre la transparencia electoral en Colombia. Expertos en comunicación política advierten que el uso de inteligencia artificial, cuentas falsas y publicidad segmentada puede alterar seriamente la percepción ciudadana durante unas elecciones tan polarizadas como las actuales.
Las redes sociales estallaron con miles de comentarios divididos. Algunos ciudadanos defienden a Abelardo de la Espriella asegurando que se trata de una estrategia de desprestigio en su contra, mientras otros consideran que las denuncias de Paloma Valencia y Oviedo confirman una guerra interna feroz dentro del uribismo por el control político de la derecha colombiana.

Con las elecciones a pocos días de celebrarse, el país vive uno de los momentos políticos más tensos de los últimos años. El choque entre figuras de la extrema derecha, las denuncias sobre manipulación digital y la batalla por dominar la narrativa en redes sociales dejaron claro que esta campaña presidencial ya entró en una etapa definitiva donde cualquier escándalo puede cambiar el rumbo de Colombia.