La vicepresidenta Francia Márquez volvió a ubicarse en el centro de la polémica nacional luego de conceder una entrevista al diario británico The Guardian, donde habló abiertamente sobre sus tensiones con el presidente Gustavo Petro, el racismo dentro del Estado colombiano y las dificultades que enfrentó durante su paso por el gobierno.

Las declaraciones de Francia Márquez provocaron un fuerte debate político en plena recta final de las elecciones presidenciales del 2026. Sectores progresistas cuestionaron el momento elegido por la vicepresidenta para exponer diferencias internas, argumentando que este tipo de entrevistas terminan siendo utilizadas por la oposición para atacar al gobierno y debilitar al progresismo colombiano.
En la entrevista, Márquez aseguró que el Estado colombiano sigue siendo profundamente racista y afirmó que tanto dentro como fuera del gobierno enfrentó obstáculos por ser una mujer afrodescendiente en posiciones de poder. Según explicó, incluso dentro de la administración hubo sectores que limitaron su capacidad de liderazgo y frenaron proyectos impulsados desde su despacho.
La vicepresidenta recordó que hizo historia al convertirse en la primera mujer negra en ocupar ese cargo en Colombia. También destacó que solo otras dos mujeres afrodescendientes han alcanzado posiciones similares en América: Epsy Campbell Barr y Kamala Harris.
Uno de los puntos más delicados de la conversación fue cuando Francia Márquez comparó su situación política con la de Kamala Harris y aseguró que ambas fueron apartadas de espacios de liderazgo dentro de sus respectivos gobiernos. Según ella, existe una estrategia sistemática que impide que mujeres negras consoliden poder político real incluso en administraciones consideradas progresistas.
Las palabras de Márquez generaron incomodidad entre seguidores del petrismo, quienes interpretaron sus declaraciones como una crítica directa al presidente Gustavo Petro. En redes sociales surgieron múltiples cuestionamientos sobre si la vicepresidenta estaba debilitando indirectamente la campaña del progresismo en un momento decisivo para las elecciones.
La tensión aumentó todavía más cuando Francia Márquez habló sobre el deterioro de su relación política con Petro. Según reveló, ambos prácticamente dejaron de comunicarse durante más de un año debido a diferencias internas relacionadas con el funcionamiento del gobierno y el manejo del Ministerio de Igualdad.
La vicepresidenta aseguró que enfrentó enormes dificultades para sacar adelante esa cartera ministerial debido a problemas burocráticos y falta de financiación. También lamentó haber sido retirada del ministerio justo cuando, según ella, comenzaban a verse resultados concretos de los programas impulsados desde esa institución.
Otro aspecto que marcó la entrevista fue la insistencia de Márquez en denunciar actos de racismo tanto en medios de comunicación como dentro de espacios institucionales. Recordó caricaturas ofensivas, ataques en redes sociales y cuestionamientos constantes sobre sus gastos de viaje y sus actividades diplomáticas en África.
La líder afrocolombiana explicó que muchos de esos ataques buscaron desacreditar su liderazgo y limitar su crecimiento político. Incluso aseguró que dentro del gobierno existía temor de que pudiera consolidarse como una figura presidencial fuerte en el futuro.
Sin embargo, sectores críticos consideran que Francia Márquez está utilizando el discurso de exclusión para justificar los problemas de gestión y las divisiones políticas dentro del gobierno. Algunos analistas sostienen que sus declaraciones terminan fortaleciendo las narrativas de la oposición en plena campaña electoral.
Mientras tanto, el nombre de Iván Cepeda sigue apareciendo en el centro de la disputa política. Algunos sectores del progresismo temen que las diferencias públicas entre Petro y Francia Márquez terminen afectando indirectamente la candidatura oficialista frente a rivales como Paloma Valencia.
En paralelo, el Consejo de Estado también protagonizó otra controversia al dejar en firme un fallo que limita el uso reiterado de alocuciones presidenciales por parte de Gustavo Petro. La decisión fue interpretada por sectores cercanos al gobierno como un nuevo intento de restringir la comunicación directa del presidente con la ciudadanía.
Petro respondió con dureza y aseguró que ciertos poderes institucionales buscan silenciar su voz mientras favorecen a grandes grupos mediáticos como RCN y Caracol Televisión. Sus declaraciones volvieron a encender el debate sobre la libertad informativa y la polarización política en Colombia.
A pocos días de las elecciones presidenciales, Colombia atraviesa uno de los momentos más tensos de los últimos años. Las divisiones internas del progresismo, los ataques de la oposición y las disputas institucionales han convertido la campaña en un escenario de confrontación permanente donde cada declaración política puede tener consecuencias decisivas para el futuro del país.