La tensión política en Colombia explotó nuevamente y esta vez el enfrentamiento más feroz no viene desde la izquierda, sino desde el mismo corazón de la derecha. La senadora Paloma Valencia lanzó un ataque demoledor contra Abelardo de la Espriella, dejando al descubierto una fractura interna que ya no pueden ocultar. Lo que comenzó como una aparente alianza estratégica terminó convertido en una batalla pública cargada de acusaciones, críticas y señalamientos que hoy tienen ardiendo las redes sociales y los medios nacionales.

Durante una entrevista que rápidamente se volvió viral, Paloma Valencia dejó claro que ya no considera a Abelardo de la Espriella un aliado político. Por el contrario, lo comparó directamente con el presidente Gustavo Petro y aseguró que representa “la política del espectáculo y del show”. Sus declaraciones sorprendieron incluso a sectores conservadores que hasta hace poco creían posible una unión entre ambos proyectos políticos para enfrentar a Iván Cepeda en las próximas elecciones.
La senadora fue contundente al afirmar que mientras ella representa la política “del conocimiento, las manos limpias y la coherencia”, Abelardo encarna el populismo mediático y el oportunismo político. La comparación con Petro desató una tormenta inmediata porque demuestra hasta qué punto las divisiones dentro de la oposición han alcanzado niveles irreconciliables. Para muchos analistas, este choque podría terminar debilitando seriamente a toda la derecha colombiana.
Uno de los momentos más tensos ocurrió cuando Paloma Valencia mencionó el nombre de Alejandro Bermeo, senador cercano a Abelardo de la Espriella, quien recientemente quedó envuelto en una delicada denuncia por presunta violencia sexual y abuso contra una mujer. Valencia utilizó ese caso para cuestionar el tipo de figuras que rodean al candidato y aseguró que esos comportamientos se parecen más al petrismo que al uribismo tradicional que ella dice defender.

Las declaraciones no terminaron ahí. Paloma también acusó a Abelardo de liderar una campaña sistemática de difamación contra ella, contra Álvaro Uribe y contra el Centro Democrático. Según explicó, los ataques incluyen videos manipulados, contenido sexista y publicaciones falsas que buscan desprestigiar su imagen pública. La senadora afirmó que el supuesto “respeto” del que habla Abelardo en entrevistas nunca se ha visto reflejado en los hechos.
La periodista Camila Zuluaga fue más allá y preguntó directamente si Abelardo evita debatir con Paloma por miedo o incluso por machismo. La respuesta de la congresista dejó uno de los momentos más humillantes para el abogado barranquillero. Valencia aseguró que Abelardo no participa en debates porque “no está preparado” y porque “no sabe de temas de Estado”. Sus palabras cayeron como una bomba política.
Según Paloma Valencia, hacer videos virales y discursos incendiarios no es suficiente para gobernar un país. Aseguró que Abelardo desconoce asuntos fundamentales como la crisis del sistema de salud, el funcionamiento de Colpensiones, la transición energética y las reformas estructurales del país. Incluso recordó su participación en un debate sobre infraestructura donde, según ella, “hizo un papel muy pobre”.
El choque entre ambos candidatos deja en evidencia una realidad incómoda para la oposición colombiana: la guerra interna está destruyendo cualquier posibilidad de unidad. Lo más grave es que hace apenas unos meses ambos sectores hablaban de apoyarse mutuamente en una eventual segunda vuelta. Hoy, después de tantos ataques, muchos votantes dudan que esa reconciliación sea posible.
Mientras tanto, la periodista Vicky Dávila también quedó en el centro de la polémica. Durante una entrevista internacional con Fernando del Rincón en CNN, la comunicadora defendió el crecimiento de Abelardo en las encuestas y aseguró que su campaña está conectando emocionalmente con millones de colombianos. Sin embargo, el periodista mexicano respondió de forma contundente y calificó esa estrategia como “populismo”.
Fernando del Rincón aseguró que Abelardo de la Espriella está explotando el enojo, la rabia y el descontento social exactamente como lo hizo Gustavo Petro en su momento. La reacción dejó incómoda a Vicky Dávila, quien intentó justificar el fenómeno político señalando que se trata de una tendencia mundial donde los discursos nacionalistas y conservadores están creciendo con fuerza.
Las críticas internacionales no terminaron ahí. Del Rincón advirtió que la pelea entre Paloma Valencia y Abelardo puede terminar destruyendo cualquier opción electoral de la oposición en segunda vuelta. Según explicó, cuando los ataques cruzados llegan a niveles personales y emocionales tan fuertes, luego es casi imposible convencer a los seguidores de votar unidos contra un adversario común.
En paralelo, Armando Benedetti volvió a incendiar el debate político defendiendo al gobierno de Gustavo Petro frente a las acusaciones de participación indebida en política. Durante varias entrevistas radiales, el ministro insistió en que el presidente tiene derecho a expresar opiniones políticas siempre y cuando no utilice recursos públicos para presionar electores o funcionarios.
Benedetti incluso afirmó que la ley colombiana sobre participación política es “obsoleta” y aseguró que en otros países los presidentes participan activamente en campañas electorales. Sus declaraciones generaron una nueva ola de críticas desde la oposición, especialmente de periodistas como Néstor Morales, quien acusó al gobierno de romper el principio de neutralidad institucional.
Sin embargo, el ministro respondió con firmeza y sostuvo que el verdadero árbitro electoral es la Registraduría y no el gobierno nacional. Además, insistió en que expresar preferencias políticas no constituye un delito. Para muchos sectores cercanos al petrismo, las críticas contra Petro hacen parte de una estrategia desesperada de la oposición para frenar el avance de las fuerzas progresistas.

Así, Colombia vive uno de los momentos políticos más explosivos de los últimos años. La derecha se encuentra dividida, enfrentada y cada vez más radicalizada, mientras el petrismo aprovecha el caos para fortalecer su narrativa. Entre acusaciones, escándalos, denuncias y ataques públicos, el país entra oficialmente en una campaña electoral marcada por el odio político, el espectáculo mediático y una guerra sin tregua por el poder.