La caída de los socialistas compromete la reedición del actual bloque de Gobierno, mientras Aliança Catalana y Vox experimentan un notable ascenso.

El escenario político catalán se aproxima a un punto de severa reconfiguración según los últimos datos demoscópicos disponibles.
La encuesta elaborada por la firma Sigma Dos para el diario El Mundo ha proyectado una sensible pérdida de apoyos para el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), liderado por el actual presidente de la Generalitat, Salvador Illa.
De celebrarse elecciones autonómicas en este momento, la formación socialista, si bien retendría la condición de fuerza más votada, sufriría un retroceso institucional de hasta nueve diputados en comparación con los resultados obtenidos en la cita electoral de 2024.
Este declive refleja el impacto en el electorado autonómico de la coyuntura política nacional, marcada por las sucesivas investigaciones judiciales y el desgaste de la credibilidad del Ejecutivo central encabezado por Pedro Sánchez.
Lo que en el anterior periodo se planteaba como una estrategia de consolidación y estabilidad de las siglas socialistas en el territorio catalán se enfrenta ahora a una tendencia de erosión que debilita la posición de Illa al frente de la administración autonómica.

La principal novedad del estudio estadístico estriba en el comportamiento de las formaciones situadas en el espectro de la derecha y del nacionalismo periférico de corte identitario.
Aliança Catalana, la marca liderada por la alcaldesa de Ripoll, Sílvia Orriols, registraría un crecimiento calificado de meteórico por los analistas, situándose en disposición de disputar la hegemonía del espacio soberanista a Junts per Catalunya.
Este ascenso evidencia un cambio en las prioridades de un sector del electorado, que opta por respaldar discursos explícitos en materias sensibles como la gestión migratoria, la seguridad ciudadana y la preservación de la identidad cultural.
Por su parte, Vox consolida su implantación en la comunidad autónoma al experimentar un repunte que le permitiría empatar en representación con el Partido Popular.
Ambas fuerzas capitalizan el descontento de las bases constitucionalistas con las contrapartidas parlamentarias del Gobierno de la nación.
Asimismo, Junts, la formación referenciada en Carles Puigdemont, retiene una posición de notable relevancia dentro del bloque conservador independentista, pese a ceder parte de su empuje en favor de las opciones emergentes.


El dato de mayor trascendencia institucional que arroja el sondeo de Sigma Dos es la inviabilidad matemática del actual modelo de gobernabilidad.
La alianza parlamentaria tripartita que sustentó la investidura de Salvador Illa —integrada por el PSC, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y los Comuns— quedaría completamente pulverizada al no alcanzar la mayoría absoluta de la cámara.
En contraposición, la suma de las fuerzas parlamentarias de la oposición conservadora, unida a las corrientes identitarias de diverso signo, podría aglutinar hasta 72 diputados.
Esta cifra daría lugar a un Parlament de naturaleza marcadamente más conservadora que el actual, alterando de forma sustancial el equilibrio de fuerzas en la política catalana.
Las conclusiones del estudio apuntan a que las polémicas concesiones institucionales y la acumulación de crisis en la Moncloa han transformado el peso de las siglas estatales, convirtiéndolas en un lastre electoral para sus sucursales territoriales.
Cataluña, tradicional bastión de la estrategia electoral del socialismo, emite de este modo señales de agotamiento que comprometen el esquema de alianzas que ha regido la política de bloques en los últimos años.
