Entidades soberanistas y dirigentes como Carles Puigdemont promueven movilizaciones y llamadas al boicot contra el Pontífice por negarse a arrinconar el español en sus discursos oficiales.

La escala catalana en el viaje apostólico del Papa León XIV ha dejado de manifiesto, una vez más, la profunda fractura ideológica que arrastra la sociedad autonómica y la incapacidad del sector soberanista para desvincular los grandes acontecimientos internacionales de su agenda partidista.
El Pontífice, que recaló en la Ciudad Condal tras una multitudinaria y exitosa estancia en Madrid, se ha convertido en el nuevo objetivo de las críticas de las plataformas independentistas.
Estas organizaciones acusan al Santo Padre de no plegarse a sus exigencias de exclusividad lingüística ni instrumentalizar sus homilías en favor de las tesis de la desconexión.
La Asamblea Nacional Catalana (ANC), Òmnium Cultural y el Consejo por la República han coordinado en las últimas horas una serie de concentraciones, protestas y llamamientos explícitos al boicot institucional.
El detonante de la campaña ha sido la decisión de la Santa Sede de mantener un criterio de bilingüismo y equilibrio institucional durante las ceremonias oficiales.
Para los sectores más intransigentes del nacionalismo, resulta inadmisible que el Papa combine el uso de la lengua catalana en pasajes significativos de la liturgia con el empleo del español en los mensajes de mayor calado doctrinal, exigiendo una sumisión absoluta a sus postulados.

El expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se ha situado a la vanguardia de esta estrategia de confrontación a través de las plataformas digitales.
El dirigente ha alentado activamente la contestación en las calles, intentando proyectar la figura de León XIV como un elemento ajeno y hostil a la identidad de Cataluña por el mero hecho de no aceptar los dictados de los partidos separatistas.
A esta ofensiva se han sumado diversos cuadros políticos del espectro independentista, replicando dinámicas de agitación que recuerdan a las etapas de mayor tensión del proceso soberanista.
Sin embargo, el despliegue de estas protestas identitarias contrasta de forma significativa con la agenda real fijada para la visita papal, cuyo hito central es la esperada bendición de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia.
“Mientras la ciudadanía catalana muestra una honda preocupación por cuestiones materiales y urgentes como el acceso a la vivienda, la seguridad ciudadana o el encarecimiento del coste de la vida, el independentismo persiste en priorizar debates simbólicos y estériles”, señalan analistas políticos locales ante los micrófonos de la prensa.

Diversos observadores institucionales advierten de que la estrategia de boicot adoptada por las terminales del separatismo corre el riesgo de generar un efecto adverso al pretendido por sus promotores.
Lejos de lograr la internacionalización de sus reivindicaciones políticas bajo un prisma de legitimidad democrática, la hostilidad exhibida ante una de las figuras de mayor relevancia global amenaza con proyectar al exterior una imagen de intransigencia, victimismo crónico y un arraigado sectarismo cultural.
A diferencia del clima de concordia y la masiva respuesta civil que caracterizaron las jornadas de oración en Madrid, la politización del viaje apostólico en Barcelona amenaza con deslucir un encuentro que estaba diseñado para situar a Cataluña en el escaparate de la atención mundial.
La firmeza de León XIV al no ceder ante las presiones identitarias reafirma la línea pastoral del Vaticano, ajena a los intentos de instrumentalización por parte de un movimiento político cada vez más distanciado de las prioridades reales de la mayoría social.
